viernes, 1 de septiembre de 2017

La NO mezcla de causas: una cuestión fundamental.

Pasa muchas veces.
El grupo de apoyo se reúne y salen muchas cuestiones. La lactancia se mezcla con muchas vivencias y emociones en la mujer. Es su puerperio. Y a veces, es imposible desentrañar los temas para poder centrarnos en lo que compete a La Liga de la Leche: la lactancia.
Por supuesto, hay veces que la cuestión que se plantea es indisoluble de la lactancia. Pero hay otras que no.
En los grupos virtuales, este tema es aún más peliagudo, porque para empezar, suele haber una cantidad mucho más grande de participantes y las monitoras, convertidas para la ocasión en moderadoras, no podemos poner cara e intenciones a todo el mundo.
Entramos entonces en una dinámica, la de la Mezcla de Causas, que las monitoras deben parar y encauzar.
Muchas madres nos preguntan por qué. Algunas se van de las reuniones con la sensación de haberse quedado a medias. ¿Por qué insistimos tanto en no mezclar temas? ¿Por qué la lactancia materna es nuestra única causa? Pues porque para que una mujer se sienta apoyada, debe centrarse en lo que le une al grupo, y no en lo que la separa de él.

Una mujer debe poder identificarse, para empezar, con la monitora que va a apoyarla y a ayudarla. No puede sentir que una religión o su ausencia, o una idea política, o un determinado tipo de crianza, la separa emocionalmente de la monitora. ¿Cómo va a confiar en la mujer que la acompaña si se siente juzgada? Aunque no lo sea.


Además, cuando hablamos de tipo de crianza, podemos abrir la caja de los truenos. Por alguna razón, tendemos a percibir la manifestación abierta de un tipo de crianza distinto al nuestro como un ataque frontal a nuestra forma de hacer. La crianza está tan íntimamente unida a nuestro subconsciente, a nuestros anhelos, traumas, deseos, que es difícil racionalizar el hecho de que otro puede hacer las cosas de otra forma y además decirlo. Es como cuando hablamos de la "polémica" entre las mujeres que amamantan y las que no. Que sin que realmente exista una polémica (la evidencia científica, objetiva, es la que es, y no admite opiniones, sino realidades distintas y eso no es polémico, porque entra en la libertad de cada uno) parece que las madres se tiren a la yugular de la de enfrente cuando ven que su opción no es la propia.

En ese sentido, nosotras, como monitoras, podemos presentar las distintas opciones si éstas están relacionadas con la lactancia, pero no tomar partido por una.
Un ejemplo claro es el tema del colecho, que sale en casi todas las reuniones. Es fácil que la monitora encargada de la reunión plantee el tema de compartir cama con el bebé si una madre (o varias) manifiesta un cansancio inhabilitante debido al número de tomas nocturnas. Entonces se presenta el colecho como una opción para facilitar el descanso, pero entendiendo siempre y poniendo en todo caso por delante, el hecho de que hay familias que no desean ni remotamente un contacto así con su bebé.
De la misma manera, hablamos de las vacunas, de llevar en brazos, de la introducción de sólidos o papillas, etc.

Porque para todas, lo importante es sentirse unidas, apoyadas, sostenidas y aceptadas, y por encima de todo, no juzgadas. Y para eso, lo mejor es centrarse siempre en lo que nos une y obviar lo que nos separa.

martes, 22 de agosto de 2017

TRES buenas ideas para visitar a una familia que acaba de tener un bebé

Todos nosotros (o casi todos), en algún momento de nuestra vida, nos encontramos en la situación de ir a ver a unos amigos o familiares que acaban de tener un bebé.

Qué regalar, qué llevar, qué decir... No me voy a andar con rodeos: por un lado están las cosas de siempre, como pañales, ropita, etc. y, por supuesto, los gustos personales. Pero, aparte de todas esas cosas, os dejo aquí las que mi experiencia personal con familias y madres recientes me dicen que son tres buenísimas ideas.

1: Comida.



No hace falta que le llenes la nevera, ni que lleves comida congelada para una semana, ni que le prepares un tupper de lentejas (aunque cualquiera de estas tres ideas es también maravillosa, dicho sea de paso). Llevar a una mamá que acaba de parir algo rico para comer y, a ser posible, que se pueda comer con una sola mano (porque en la otra es muy probable que la mayor parte del día haya un bebé) es siempre, siempre una buena idea. Si, además, es sano, ya es la repanocha, pero no es imprescindible. Unos paninis de la panadería, un bocadillo de algo que sepas que le gusta, unos falafel, unas croquetas... Imaginación al poder. Seguro que, sea lo que sea, será bienvenido.

2: Ayuda.



La mayor parte de nosotros, como es normal, cuando vamos a ver a un bebé recién nacido ardemos en deseos de cogerlo. Pero, siendo realistas, el mejor lugar para ese bebé son los brazos de sus padres. Por suerte para nosotros, hay muchas más cosas en las que poder ocupar las manos. Podemos ofrecernos a ayudar en alguna cosa, grande o pequeña (dependiendo mucho, seguramente, de la confianza que tengamos con las personas que estamos visitando). Preguntar despreocupadamente si "quieres que te friegue los platos", si podemos tender la ropa o, al marcharnos, si "quieren que bajemos la basura ya que vamos" es uno de los mejores detalles que podemos tener con los papás. Probablemente dirán que no, porque les pillaremos por sorpresa, pero que alguien se ofrezca a ayudarte siempre se agradece.

3: Ideas.



No consejos, no. Ideas. Está bien llevarlas, pero tampoco hace falta decirlas. Probablemente, esos papás recién estrenados ya han recibido muchos consejos, cuando no instrucciones directamente, sobre lo que deben y no deben hacer con su bebé. Todos pensamos que nuestra experiencia es muy valiosa (que por supuesto que lo es, para nosotros) y que sabemos decir las cosas de manera amable y no ofensiva (que seguro que también es así), pero llega un momento en que los padres recientes se desbordan y pueden llegar incluso a sentirse perdidos.

Lo mejor que podemos hacer por ellos es preguntarles con sinceridad qué tal todo, dejar que hablen de lo que quieran y escuchar. Sólo escuchar. Si en algún momento nos parece que nos transmiten tener algún problema, en lugar de atacar directamente con consejos podemos preguntar "¿necesitas ideas con eso?". Si de verdad necesitan ideas, nos dirán que sí, y ya podemos dar alguna o hacer alguna sugerencia que nos parezca útil. Si nos dicen que no, puede que no las necesiten porque ya sepan qué quieren hacer o que estén tan saturados de las ideas de otras personas que sientan que saber más cosas sólo les liará más. En cualquier caso, su respuesta a nuestra pregunta hará que, lo que hagamos, sea lo que ellos necesitan. Sin más.



Y, en caso de emergencia, es tan sencillo como recordar, si ya somos padres, qué fue lo  mejor que nos llevaron al nacer nuestros bebés. Y, si no somos padres, tirar de esta chuleta. Que fregar los platos lo puede hacer cualquiera :)

sábado, 19 de agosto de 2017

INTERPRETAR LOS PERCENTILES


Tras el nacimiento de nuestro hijo, uno de los parámetros en los que nos fijamos tanto sus padres como su pediatra y/o enfermera es en la ganancia de peso. Esta ganancia nos da una idea del modo en el que se está alimentando nuestro bebé, así como de su estado general de salud, entre otras cosas. No es de extrañar por tanto, que esta ganancia sea motivo de preocupación para los padres, y en ocasiones de desvelos, a veces por nuestra propia y natural obligación de preocuparnos por el bienestar de nuestros, hijos, pero en otras simplemente porque nuestros hijos no se ajustan a un patrón de crecimiento que parece ser que es el alfa y omega de la salud del bebé:

¿Y qué son exactamente los percentiles?  Pues los percentiles no son ni más ni menos (ni menos ni más) que una medida estadística de unos datos que, en el caso que nos ocupa,  se dibujan en un papel.

¿Y cuáles son esos datos y cómo se manejan?

Como las cosas se entienden mucho mejor con un ejemplo, vamos a ello.

Imaginad que tenemos 100 niños sanos y normales nacidos a término. Imaginad también que cogemos a esos cien niños sanos y normales y el día que nacen los pesamos.  Ahora cogemos cada uno de esos pesos, los ordenamos de menor a mayor. El percentil es la medida que señala la posición de cada uno de esos niños según su peso. Es decir, el niño que pesa menos ocupa la posición 1 (o percentil 1), el siguiente la posición 2 (o percentil 2), el siguiente la 3.... así sucesivamente, hasta llegar al niño que más pesa que está en la posición o percentil 100.  Los percentiles surgen pues de ordenar a los bebés según su peso, desde el de menor peso al de mayor peso.

En realidad los percentiles no surgen de pesar sólamente a 100 bebés. Realmente se pesan muchísimos más, ya que para obtener unas gráficas fiables, la muestra debe ser representativa, y eso sólo se consigue aumentando el número de datos y "traduciéndolos" a 100.

¿Y qué pasa con el percentil 50? pues simplemente que marca la mitad, pero nada más. Es imposible que todos los niños estén por encima del percentil 50, porque de cada 100 niños siempre 49 van a estar por debajo de este peso, uno justo justo en él, y otros 50 estarán por encima.  Si no es así, es que las estadísticas están mal hechas.

Otros percentiles que se toman como referencia son el 3 y el  97. Se considera que los que están por debajo del 3 o por encima del 97 hay que prestarles un poquito más de atención para cerciorarse de que todo va bien, nada más. Por supuesto que siempre habrá niños sanos y normales los percentiles 1, 2 ,3 ,98 ,99  y 100, incluso por debajo y por encima de estos percentiles. Simplemente estos niños son más pequeñitos o más grandotes.


Si continuamos pesando a cada uno de esos 100 niños cada mes, obtendremos unos datos (percentiles) a través del tiempo, que dibujaremos en una gráfica dando lugar a las curvas de crecimento.
¿Significa esto que un niño que haya nacido en el percentil 20 tenga que mantenerse siempre en este percentil?  Por supuesto que no. Las curvas simplemente son herramientas para detectar cambios en el niño que sea importante valorar. Por ejemplo, si un niño permanece habitualmente entre los percentiles 75/90 y de repente cae al 3, es posible que su pediatra decida indagar las causas, nada más.

No sólo se manejan percentiles de peso, sino de otros datos como la estatura y el perímetro craneal. ¿Y qué pasa si un bebé está en el percentil 75 de estatura y en el 25 de peso? pues absolutamente nada. En los bebés como en los adultos, hay distintas morfologías, y es perfectamente normal que un bebé que es muy delgadito, sea de alta estatura. Además de manejarse percentiles de diferentes medidas, como el peso y la estatura, se diferencia también entre niños y niñas. También hay gráficas específicas para bebés prematuros y grandes prematuros, porque estos bebés tienen un ritmo de crecimiento diferente a los bebés nacidos a término y lógicamente no suelen partir de los mismos valores de inicio.

Otra cosa muy importante, hay gráficas diferentes para bebés amamantados que para bebés alimentados a biberón, porque el ritmo de crecimiento no suele coincidir. Basta decir que la leche materna es un alimento que cambia no sólo a lo largo de la toma y del día, sino a lo largo de la lactancia. No es lo mismo el calostro, que la leche del primer mes, que la del quinto mes de vida, por lo que el ritmo de aumento de peso que tiene lugar en los bebés tampoco es el mismo.  Por este motivo es muy importante que nuestro pediatra utilice las gráficas que correspondan según la alimentación de nuestro bebé, así es posible en un momento dado, nos ahorremos muchos disgustos y algunas presiones.

Si quieres tener a mano la tabla de percentiles según las OMS (la que corresponde a los bebés amamantados),  tienes una práctica calculadora  aquí.


Como conclusión: los percentiles no son más que una medida estadística. Se puede estar bajo de hierro, de glucosa, de plaquetas, o simplemente ser bajo, pero no se puede estar bajo de percentil. Tampoco es posible que todos los bebés estén por encima del percentil 50. Cada niño se sitúa en un percentil, y no es más normal el que está en el percentil 95 que el que está en el 10, simplemente uno es más grande que otro.

Ya para finalizar, el aumento de peso es un valor a tener muy en cuenta dentro del crecimiento de nuestro hijo, pero los percentiles son un dato más, no el único para valorar este crecimiento. Si un bebé moja pañales, está contento, alerta, tiene buen color, coge peso y no tiene ningún problema,  pero está en el percentil 3, simplemente es un bebé sano que está entre los pequeños de su edad, nada más.




martes, 8 de agosto de 2017

CÓMO HABLAR CON EL MÉDICO DE TU HIJ@


  

 
Lema de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2017
(origen de la imagen: FEDALMA)
 
       Durante este año, el Lema de la SMLM hace referencia a la construcción de alianzas para proteger la lactancia materna. ¿Qué mejor alianza que la que podemos construir con nuestro médico?
 
     Hace años, durante mi formación como monitora, encontré muy interesante un artículo de la Liga de La Leche que trataba este tema: cómo hablar con el pediatra de nuestro bebé o hij@ más mayorcito. Lo he rescatado del fondo de recursos, porque pienso que en cierto modo puede seguir siendo útil y actual. Es obvio que es importante tener una buena comunicación con los profesionales que se ocupan de la salud de nuestra familia. Los médicos son un sostén clave de la lactancia materna. Aquí vienen algunas sugerencias para favorecerlo. ¿Se os ocurre alguna más? Por favor, no dejéis de compartirla en los comentarios.
 
 
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 Cómo HABLAR CON EL MÉDICO DE TU HIJO
 
   Los padres y el pediatra compartimos un interés común: la salud de nuestros niños. Vemos la ventaja y la importancia de trabajar juntos como un equipo. El clima de confianza y diálogo es el más idóneo. Lograr este clima es posible, fundamentalmente cuando existe sinceridad, respeto y confianza en el intercambio de información.
 
   No obstante, algunas veces las madres reciben consejos del médico que difieren de lo que éstas conocen por propia experiencia o saben de la lactancia materna. O bien al hablar con la monitora reciben información o sugerencias que difieren de los consejos médicos.
 
    En estos casos las mamás se encuentran ante una situación difícil e incómoda y pueden sentirse tentadas de mentir a su pediatra, si deciden no seguir su consejo. Es el caso de muchas mamás que reciben la consigna de no amamantar antes de las 3 horas ni más de 10 minutos,  o las que reciben el consejo de introducir otros alimentos antes de los 6 meses o suplementos de leche artificial porque “la leche ya no basta” o “el bebé gana poco peso” cuando es el caso que la lactancia funciona bien, el bebé está sano y la madre no tiene previsto destetar.
 
    En ocasiones el consejo profesional –puesto que proviene de un experto en salud- actúa de manera que la madre pierde la confianza en su capacidad de alimentar a su bebé y se siente tan culpable y se preocupa tanto que abandona la idea de llevar a cabo la lactancia materna exclusiva.
 
    En este artículo vamos a intentar ofrecer algunas sugerencias útiles para mejorar la comunicación con el profesional de la salud, fundamentalmente en los momentos en que la opinión del médico entra en conflicto con la decisión materna de cómo, cuándo y cuánto alimentar a su bebé.
 
   Qué duda cabe que es ideal  poder contar con un pediatra que conozca cómo funciona la lactancia materna y que tenga experiencia en cómo se desarrollan los bebés amamantados. Este tipo de pediatra será un estímulo muy valioso para el binomio lactante (madre-bebé) durante todo el tiempo que la madre desee amamantar.
 
  Si el pediatra desconoce cómo funciona la LM y ofrece consejos que no deseas poner en práctica (o ante la duda, no sin antes explorar a fondo las posibles causas y todas las opciones), puede ser que se preste a dialogar y mantenga una actitud abierta. En ese caso las sugerencias son las siguientes:
 
- El médico necesita saber lo que tú estás haciendo, ya que trabajáis como un equipo. Es mejor ser sincera y no ocultar nada importante. La sinceridad te ayudará a valorar más tu punto de vista, además el hecho de ocultar o mentir te hará sentir culpable y poco honesta.  Por otro lado al mostrarle tu modo de obrar, el médico sabrá qué funciona y qué no, y aprenderá más sobre LM.
 
- Escúchale atentamente, y (sobra decirlo) muestra en todo momento una actitud de calma, respeto y educación.
 
- Exprésale tu opinión con serenidad. Háblale de tus sentimientos. Por ejemplo: “No me siento cómoda con la idea de…”, o “Me sentiría muy triste si…” o “Me sentiría más cómoda si intentara…”, ya que el profesional puede discutir hechos, pero no puede discutir los sentimientos de una madre.
 
- Asegúrate de conocer bien los argumentos en los que se basa la sugerencia de la monitora, tu opinión o decisión respecto al consejo del médico.
 
- Muestra que se trata de una decisión que has tomado tú por ti misma. Evita decir cosas de tipo: “La LLL dice que…”, o “La Asociación Española de Pediatría dice que…”.
Es preferible decir: “He leído en (referencia bibliográfica) que…” o “En un libro que he leído sostienen que…”. Es posible que tu médico esté dispuesto a que le muestres esas publicaciones.
 
- Si no te apetece hablar con tu médico acerca de tu opinión o tu manera de resolver la cuestión (por ejemplo, sugerirle la posibilidad de llevarle  a tu niño a pesar cada semana para que él revise su progreso, o explicando que durante unos días vas a aumentar la frecuencia de las tomas para subir la producción antes de ofrecerle leche artificial) siempre puedes consultar a otro médico que esté más informado en temas de lactancia y apoye la búsqueda de soluciones que permitan continuar con ella.
LA LIGA DE LA LECHE
          

lunes, 31 de julio de 2017

DUDAS RAZONABLES: ¿Servirán mis pechos y pezones para amamantar?


 


    Tuve esta terrible duda durante mucho tiempo, tanto en mi primer embarazo como en el segundo.

    Por ello,  si me permitís, en esta ocasión en que me corresponde a mí escribir la entrada del blog  me gustaría hacerlo desde mi experiencia como madre.
   A mi primer bebé -de 42 semanas (inducción por placenta envejecida, 21 días ingresado) -  no le pude amamantar. No succionó de mi pecho ni siquiera un instante. Recuerdo cómo lloraba y se ofuscaba contra mí, y la esforzada enfermera de neonatos (estaba ingresado por sepsis respiratoria, después por una infección contraída con un catéter) me repetía que no había manera, que tenía los pechos impracticables, hinchados y duros como una piedra, y los pezones planos. “¡Así es imposible que se prenda!”, me decía. Y tenía razón. Era imposible.
   Hubiera necesitado saber cómo manejar y aliviar la plétora, la hinchazón, el dolor, abordar un plan para atenuar la separación física de mi bebé. (Cada vez que lo pienso... pasé las primeras 24 horas sin extraerme ni una gota!! Y luego, me extraía leche para los biberones que le daban, dos veces nada más, eso sí, mucha cantidad en cada extracción).
   También hubiera deseado prever el efecto que la separación de mi bebé y la medicación durante el parto iba a provocar en mis pechos, contribuyendo a su hinchazón. Y de paso solicitar por favor que le quitaran aquel enorme chupete de caucho, tres tallas mayores que su boca, que le consolaba en mi ausencia. Pero nadie sabíamos nada entonces (hace 19 años),  ni siquiera mi madre, nadie me lo advirtió. Las buenas enfermeras me hablaron de aplicar frío. Hielo entre visitas al lactario. Más adelante supe que además hubiera necesitado calor y masajes...; y sobre todo extraerme la leche muy a menudo, al menos 6/8 veces al día, no dos o tres extracciones al día. Pero lo que más hubiera necesitado entonces era saber que no había nada fallido o inútil en mi cuerpo, que mi pecho simplemente no podía estar de otro modo, con aquella retención de líquidos y sin un bebé que mamase cada poco rato. Que era una situación no deseable, pero de (relativa) fácil solución.
   Ajena a ésto me extraje la leche dos o tres veces al día durante varias jornadas, ya en mi casa, para que las enfermeras se la dieron  a mi hijo, ingresado en neonatos, y finalmente, tras una mastitis aguda y dos abcesos, el médico me retiró la leche. Mi bebé seguía ingresado allí y ambos permanecíamos separados. Pareció lo mejor, aunque yo no lo viví así.
   El caso es que tuve la certeza de que "la culpa" de aquel fracaso (en mi ánimo estaba un enorme deseo de amamantar a mi bebé) era mía: mejor dicho, de mis pechos y de mis pezones, de no tenerlos “como dios manda” para ser manejados y succionados por mi bebé. En mi cabeza resonaba la voz de la enfermera que me intentaba acoplar el bebé al seno. Su frustración, y la mía. Mi sentimiento de inutilidad e impotencia. Así que cuatro años después, con la llegada de mi segunda hija, me preparé, me informé, me armé de recursos, información y argumentos para conseguir mi propósito, aunque no terminaba de creerme capaz.  Temía –con razón- que mis pechos y pezones podían de nuevo "fallar". Pero algo tenía claro: el pecho endurecido se puede (y se debe) ablandar y la certeza de que podía producir leche.
   De nuevo me enfrenté a una situación no ideal cuando nació mi segunda hija, pero esta vez iba preparada. Había averiguado qué tenía que hacer para evitar la plétora (Gracias a “la Liga de La Leche”, entre otras fuentes fiables donde encontré información y apoyo). Cómo manejar la ingurgitación, la importancia de poner a mi bebé al pecho desde el inicio, sin esperar a que llore, y muy frecuentemente, y de no limitar tiempos en las tomas.  Los masajes, la ayuda de la extracción para aliviar la salida de leche si mi bebé no se despertaba… El probar posiciones para encontrar la que nos viene bien a ambas... Leí que no siempre es instantáneo,  a veces es cuestión de perseverancia y de paciencia. Eso me reconfortó, pues me dio esperanza y confianza en mis posibilidades. Si algo iba mal... podría revertirlo con tiempo, empeño y apoyo.
   Aún así tuve que recurrir a las pezoneras unos días que se me hicieron eternos, y casi casi sentí que no lo iba a lograr, que mi hija no aceptaría el pezón, pero al fin ella decidió por mí, y mamó. Se prendió una y otra vez y las cosas fluyeron. ¡Fue un momento glorioso cuando la pude amamantar! El pezón se adaptó a su boquita, y viceversa. Y ya lo demás es historia... Una lactancia plena, hasta que ella y yo quisimos.
 
 
 
   Con mi tercera hija (la bebé de las fotos), ni siquiera me planteé esta cuestión de la idoneidad de mis pechos. De sobra sabía hasta qué punto los bebés y los pechos se adaptan unos a otros, se necesitan y se acoplan. Por experiencia propia,  por mi formación en LLL y por la experiencia de otras muchas madres que hemos conocido en las reuniones, y en el ámbito del apoyo como monitoras.
   Hoy en día por fortuna las mamás podemos aumentar nuestra confianza al compartir buena  información y apoyo mutuo,  a través de actividades y reuniones, internet, las redes sociales,  móviles.... Los profesionales cuentan con la posibilidad de acceder a una mejor formación y de compartir experiencias. También tienen sus listas de correo y sus recursos informáticos. Es un momento en el que algunos mitos de la lactancia han ido cediendo. Sin embargo… Aún muchas madres continúan preguntándose si sus pechos sirven para amamantar. Aún muchas mujeres desconfían y consideran que probablemente no serán válidas para la lactancia (como le pasó a su madre, a su hermana, a su amiga... Es un temor que se propaga y contagia). Que sus pezones pueden ser “inadecuados para dar el pecho”: planos, o invertidos, o demasiado grandes o demasiado pequeños. Que sus senos no producen suficiente calostro y/o leche, y que su forma o tamaño son incompatibles con su bebé. Caramba, ¿cuántas de nosotras podemos decir que no hemos tenido esos temores -o certezas- alguna vez?
   Bien, ahora hay estudios, evidencias; sabemos y podemos estar seguras de que el tamaño de nuestros senos no importa. El tamaño de los pezones no es importante. Sí, es verdad que algunas formas y tamaños pueden requerir un poco más de esfuerzo y paciencia, especialmente al inicio, pero... la lactancia casi siempre es posible.
   Y el éxito de la lactancia no sólo depende de la madre y sus pechos. El bebé tiene mucho que aportar: nace para mamar y dispone de diversos reflejos innatos que le ayudarán a hacerlo bien, por difícil que sea su parto. Son supervivientes y no van a tirar la toalla fácilmente. Nosotras contamos además con nuestros propios instintos, que nos van a guiar en muchas situaciones.
 
 
     Creo que las madres sabemos bien que no está en nuestras manos que todo salga perfecto,  tal y como imaginamos y esperamos, pero es importantísimo para nosotras saber que sí podemos buscar, encontrar y recibir información y apoyo  en nuestro entorno para afrontar y superar cada pequeño reto que encontremos durante la lactancia de nuestros hijos. 
 
Ana Isabel Barriga
Madre de Diego, Laura y Jimena y
Monitora de LLL en Valladolid
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ALGUNOS RECURSOS DE UTILIDAD

QUÉ HACER SI...
 Nuestros pezones son planos.
   Un pezón plano es un pezón corto que no sobresale, pero se puede hacer más prominente frotándolo, o se le puede proyectar hacia adelante usando el dedo índice (que empujará el pezón desde abajo). En cualquier caso el bebé lo encontrará y succionará, guiándose por la textura, el color y el olor.
  En el tiempo en que madre y bebé se acoplan y la lactancia se establece es importante evitar el uso de biberones, ya que las tetinas son más largas y le resultan fáciles de chupar. Puede ocurrir que el bebé prefiera su succión.
  En ocasiones , si nada parece funcionar, puede recurrirse al uso de una pezonera, aunque en ese caso conviene asesorarse por alguien experto sobre su uso.
  A veces no hay un pezón corto o plano, sino que lo parece al estar la mama ingurgitada (hinchada). En ese caso conviene ablandarla con una presión suave*. (se describe en enlaces).
 
 Si nuestros pezones son invertidos.
    Un verdadero pezón invertido se hunde hacia adentro y no sobresale.
Es interesante intentar amamantar después de manipular el pezón:
- con la mano.
- con un dispositivo que haga el vacío y tire del pezón hacia fuera,
- con el extractor o sacaleches,
y ofrecer inmediatamente el pecho al bebé.


 ¿Y si son pezones ovalados o muy grandes?.
   Conviene ofrecer el pecho al bebé de manera que la medida más larga quede de extremo a extremo de su boca. Si nuestro bebé tiene la boca demasiado pequeña para el pezón, con el tiempo crecerá. Mientras, se puede extraer leche (manualmente o con el extractor) para mantener la producción y alimentar bien al bebé. Al crecer, la boquita de nuestro bebé y nuestro pezón acabarán  acoplándose.
 
Información extraída del libro: "El Arte Femenino de Amamantar", Ed. 2011,
 La Liga de La Leche Internacional.
Enlaces de Interés:
LIGA DE LA LECHE INTERNACIONAL (en español)
 
LIGA DE LA LECHE ESPAÑA
 
COMITÉ DE LACTANCIA MATERNA de la AEP

jueves, 13 de julio de 2017

FUNCIONES DE LLL

La liga de la Leche tiene cómo principal objetivo el apoyo a las familias, refiriéndonos a la lactancia materna. Pero además del apoyo directo, también forma parte de distintas actividades.

En el Hospital de León se ha creado recientemente el Comité de Lactancia Materna al cual fuimos invitadas a ser parte de dicho comité y gustosamente nos involucramos en el proyecto. Recientemente el día 14 de Junio de 2017 se presentó oficialmente la nueva Guía de LM para profesionales, y en dicha presentación comprobamos dos cosas: 
- que el equipo formado por Diana Martínez (matrona), Silvia Rodríguez (pediatra) y Mª Teresa Palau (jefa de neonatología) a juzgar por la gran asistencia que hubo, hacen posible que el interés y la importancia de la lactancia materna tome un primer plano en el ambiente hospitalario de León.
- que La Liga de la Leche sigue siendo un gran apoyo para quien así lo requiera, sea una madre, una familia o un profesional sanitario.

Estamos entusiasmadas de formar parte de este Comité y esperamos poder aportar muchas semillas que darán buenos frutos.

La guía de LM del Hospital de León estará sólo disponible para profesionales sanitarios, pero LLL tiene editado un libro "El Arte Femenino de Amamantar", una guía fantástica para el público general (profesionales sanitarios y familias).
http://www.laligadelaleche.es/libros_recomendados/detalles_afa.htm



lunes, 3 de julio de 2017

¿Y TÚ QUÉ QUIERES HACER?




Supongo que no es sencillo descolgar el teléfono y llamar a una desconocida para plantearle las dudas que tengo con respecto a la lactancia.

Cada llamada es un caso único, aunque las dudas sean comunes. Cada mamá es única y también lo es su bebé


En ocasiones las dudas son sencillas de responder, ¿cuándo es la reunión? ¿puedo asistir con mi bebe y mi pareja? ¿es necesario apuntarse?

Las reuniones son abiertas y gratuitas para todo el que quiera asistir y los bebes, niños y niñas son siempre bienvenidos.


En otras ocasiones las llamadas  necesitan más tiempo, más atención, más dedicación y, sobre todo más cariño.

La crianza es agotadora, incluso, podríamos decir, que puede llegar a ser desesperante.

Un bebé que llora mucho, que le cuesta engancharse al pecho, que pide constantemente,  que no coge el peso que debería, que duerme mucho, que no duerme nada, un bebé que no quiere comer papillas, la reincorporación al trabajo.... ¡SOCORRO! ¡NO SE QUE TENGO QUE HACER!

Y  aquí llegan los comentarios de la gente que tenemos a nuestro alrededor. La madre, la suegra, la vecina, la enfermera de pediatría, el pediatra, el médico de cabecera, una desconocida que te para cuando tu bebé va llorando.... Toda esta gente, y no necesariamente por este orden, va a decirte qué tienes que hacer, hayas preguntado o no. Todos con buena intención, pero no siempre con la respuesta que tú buscas, necesitas o quieres.

Tu leche no le alimenta, dale un biberón, no le des tan a menudo, dale más frecuentemente, quita los biberones, dale cereales, dale frutas, no tienes leche suficiente, ¡con biberón se crían igual, deja de sacrificarte!, cógele, no le cojas, mételo en tu cama, ¡ni se te ocurra dormir con él!....

Entonces alguien te dice "llama a La Liga de la Leche". Pero no sabes que te vas a encontrar al otro lado del teléfono.


Las monitoras de La Liga de la Leche somos MADRES VOLUNTARIAS, con experiencia y formación en lactancia. Lo que hacemos es dar información y apoyo a las familias que quieren amamantar. Y con esa información las mamás deciden que quieren hacer.


Cuando recibo la llamada de una mamá, ella, me cuenta su caso, y son muchas las ocasiones en las que me dice "mi pediatra de dice que haga esto o aquello" "es que mi madre dice...." "ya pero la enfermera dice que tengo que hacer..." Y es aquí donde yo pregunto ¿Y TÚ QUE QUIERES HACER? porque dependiendo de lo que tú quieras hacer podemos tirar por un lado o por otro. Un mismo problema puede tener diferentes soluciones, todo depende por donde queramos tirar.


Cuando surge una dificultad con la que no contábamos, pude ayudarnos tratar de ver el problema desde fuera, aunque no siempre resulte fácil. Una vez que sabemos cuál es el problema ¡busquemos la solución! vamos a ver qué opciones tenemos, y entre todas esas opciones, vamos a valorar cual es la que mejor se adapta a nuestra vida.


Me han llamado mamás asustadas, desesperadas, perdidas, avergonzadas... Es normal el miedo, la desesperación, la incertidumbre, pero ¡NO OS AVERGONCEIS!, somos madres, sabemos por lo que estáis pasando, es muy probable que nosotras lo pasásemos en su día, y si no nos ocurrió, hemos compartido la desesperación de otras mamás. No te vamos a decir que tienes que hacer ni te vamos a juzgar. Vamos a acompañarte, a guiarte y a apoyarte en tú lactancia y en tus decisiones.


Nosotras te damos la información, tú la utilizas como mejor te parezca.


¡BUSCA TU GRUPO MÁS CERCANO DE LA LIGA DE LA LECHE! y decide ¿Y TÚ QUE QUIERES HACER?

 Y YO ¿EN QUÉ TE PUEDO AYUDAR?



Raquel Balbuena

Monitora de Leónhttp://www.llli.org/langespanol.htmlhttp://www.laligadelaleche.es/